Ken Livingstone, de profesión: ecólogo

Ken Livingstone, alcalde de Londres y ecólogo en sus ratos libres, tiene la varita mágica para solucionar los problemas de contaminación de su ciudad. Pongamos las orejas en modo soplillo y escuchemos atentamente: deben pagar mucho más los que más contaminen.

Cuando leyeron la noticia los ejecutivos de Porsche, pusieron cara de estar pensando mucho -mano en barbilla y ceño fruncido- y decidieron denunciar al ecólogo pluriempleado. Éste, que se sabe dentro de cuatro años en un apartamento en las Bahamas subvencionado por el gobierno británico dijo: “a mi plín, yo uso Damart Thermolactyl”

Foto: Ken Livingstone moviéndose por Londres.

El bufete de abogados de Porsche, que son más de camiseta imperio, ideó crear una web-denuncia. Al principo pensaron en www.lovasafliparkenlivingstone.co.uk, pero finalmente se decidieron por www.porschejudicialreview.co.uk En esa web Porsche cuenta sus cosas de porqué no quieren la ecotasa y demás. Hubo un ejecutivo que sugirió un eslogan: “Ken Livinsgtone, nos tiene hasta los cohone”. La idea no cuajó y fue convenientemente reubicado en el Departamento de Transporte de Residuos de la compañía.

Estos señores de Porsche dicen que más contaminan los aviones de la British, que paguen ellos. La semana pasada tuvieron que insonorizar el despacho del director de la compañía aérea porque sus carcajadas no dejaban trabajar al resto del edificio.

Foto: Ejecutivo de la British recibe la propuesta de Porsche.

El caso está ahora en manos de los jueces de la Corte de Londres, que son unos señores que usan rulos y son muy amigos de Max Mosley. Probablemente le den la razón a Livingstone, supongo.

Cayenne, el lastre campero.

 

Hace un par de años tuve la oportunidad de disfrutar un “día Porsche” en el circuito de Cheste. Rodar en circuito a fondo con un 997 recién salido de fábrica es un placer, sobretodo porque las cubiertas las pagan otros. Pero a lo que vamos: el fin de fiesta era dar un par de vueltas a un circuito de tierra habilitado para 4×4 con más desniveles y agujeros que una carretera nacional. Según el instructor, querían hacernos ver y sentir las virtudes camperas del Cayenne. Malo, pensé. Si tienes que demostrarme cosas de un cacharro que vale 10 millones de pelas es que algo va mal.

Me subí -literalmente- al asiento del copiloto, dos más lo hicieron atrás y una chica muy amable vestida de camuflaje al volante. Allí dentro sólo faltaban De La Quadra-Salcedo y su bigote. Empezamos el recorrido y la primera rampa muy pronunciada la salvó sin dificultades. Pero al llegar arriba, con un ángulo ventral muy justo, la panza del Cayenne se arrastró penosamente por el vértice. Tranquilos que no pasa nada, dijo la piloto. A mi, la verdad, lo único que me importaba era que el airbag de mi puerta funcionara.

Bajamos un desnivel tremendo entre surcos hechos por el agua, piedras y algún tronco (traviesas de la Renfe) y, al llegar abajo, el frontal del coche volvió a tocar suelo. Me estaba doliendo ya a nivel personal aquello. ¿de verdad Porsche os paga para que hagais esto? pensé. Aceleró un poco por una especie de trialera y oí como las piedras golpeaban sin piedad los bajos y la pintura metalizada de 930 euros.

Total para llegar a un desnivel oblicuo en el que nos iban a enseñar cómo funcionaba la tracción dejando una rueda en el aire. Volví a mirar al airbag, mi aliado allí dentro. No hizo falta, porque aquel monstruo de casi 2 toneladas rebotó hacia la izquierda, dañando la llanta trasera de aquel lado. “¡Ostias!” gritó el chaval que estaba más cerca. “¿me climatizas a 19 por favor? es que tengo calor y sudo” dije a la piloto en un torpe intento de desviar la atención. No contestó. “es bi-zonal?” pregunté. Tampoco debía ser eso. Terminamos aquel infierno biodramínico y salimos despavoridos del Cayenne.

¿Por qué se empeñan en convencernos que un Cayenne es un Hummer H1?. Al margen de la habilidad de la piloto aquel día, es evidente que el hábitat natural de ese coche es la carretera. Las autopistas concretamente. Nadie se compra un Cayenne para hacer estas cosas. Porque para eso está el Defender. O mejor aún, cómprese un Panda Trekking del 90 y le envidiarán hasta las cabras montesas. Y si quiere madera, cuero, techo, clima, xenon, cambio automático y llantas de 19″, a usted no le gusta el monte, hombre.

944 vs. Cayman, rectificar es de sabios

Porsche Cayman

Lo confieso, la primera palabra que vino a mi mente cuando vi el Cayman fue “fracaso”. Pensé que iba a ser otro 944. Me equivoqué.

Existe un curioso paralelismo-antagonismo entre el 944 y el Cayman. Ambos modelos pertenecen a la “segunda unidad” de Porsche. Ni hacen cuadrar los números -Cayenne-, ni son el modelo de representación -911-. Sin embargo, no tienen nada que ver.

El Cayman es tecnología Porsche de última generación, el 944 estaba basado en el segundo mayor fracaso de Porsche en toda su historia: el 924. El 924 era, básicamente, un Volkswagen. Fue un proyecto que Porsche compró con la idea de crear un “modelo de acceso” cuando VW lo desechó para quedarse con el Audi Quattro. Era el Dacia Logan de Porsche. Hacía lo mismo que un 911, pero por muchísimo dinero de la época. Francamente, no imagino al presidente de Rolls-Royce diciendo: “sustituiremos la madera de roble del salpicadero por aglomerado pintado para abaratar costes, así podremos vender el coche a 300.000 euros en lugar de 500.000″. Eso fue lo que hizo Porsche con el 924.

La solución a ese error fue…. persistir en él. Crearon el 944 como modelo de acceso. Hicieron un restyling exterior e interior, fabricaron motores nuevos y más potentes y, ahora sí, la tecnología era Porsche íntegramente. Sin embargo, en aquella época si alguien decía que tenía un coche con motor delantero de 4 cilindros en línea, 4 plazas, maletero trasero y tracción trasera, no sabías si hablabas con el propietario de un 944 o de un Seat 131. Demasiadas concesiones dejaban en un lugar poco decoroso a un deportivo de ese precio (6.500.000 ptas. año 1986)

El Cayman es una idea nueva. Es cierto que Porsche lo ha situado a una prudente equidistancia entre el Boxster y el 911, lo cual hace pensar en producto de marketing, pero es un Porsche al 100%. Biplaza, motor central, calidad de primer nivel, tacto deportivo marca de la casa, diseño novedoso, sin concesiones en definitiva. Me recuerda mucho al coche de Penélope Glamour, pero no es un 944. Eso sería peor, mucho peor.

PD: el mayor fracaso de Porsche fue el 912.

Porsche way

 

A lo largo de la historia del automóvil, los fabricantes han escuchado a la gente para saber qué fabricar y cómo venderlo. ¿Todos? No, por fortuna. Hubo algunos que decidieron ellos mismo qué iban a fabricar y cómo lo iban a vender. De todos ellos, el único que ha llegado hasta nuestros días es Porsche.

Y hablar de Porsche es, sobretodo, hacerlo de un mito circulante: 911. Obviamente todos sabemos que hubo y hay otros modelos de la marca, pero no nos engañemos, cuando uno oye “Porsche” su foto mental es siempre la misma. Y no es casualidad ni coincidencia. 40 años es mucho tiempo.

El nueveonce es el paradigma del camino Porsche. En uno de los vídeos colgados en la comunidad “nueveonce”, el del 996 turbo, hay una frase que lo resume muy bien: “…building something that no one has said they need…” Nadie necesita un coche así, porque la razón no va de la mano de la pasión. El nueveonce fue concebido desde el corazón por un soñador, alguien que imaginó una manera diferente de sentir al volante. Y a fe que lo consiguió.

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