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Cayenne, el lastre campero.

 

Hace un par de años tuve la oportunidad de disfrutar un “día Porsche” en el circuito de Cheste. Rodar en circuito a fondo con un 997 recién salido de fábrica es un placer, sobretodo porque las cubiertas las pagan otros. Pero a lo que vamos: el fin de fiesta era dar un par de vueltas a un circuito de tierra habilitado para 4×4 con más desniveles y agujeros que una carretera nacional. Según el instructor, querían hacernos ver y sentir las virtudes camperas del Cayenne. Malo, pensé. Si tienes que demostrarme cosas de un cacharro que vale 10 millones de pelas es que algo va mal.

Me subí -literalmente- al asiento del copiloto, dos más lo hicieron atrás y una chica muy amable vestida de camuflaje al volante. Allí dentro sólo faltaban De La Quadra-Salcedo y su bigote. Empezamos el recorrido y la primera rampa muy pronunciada la salvó sin dificultades. Pero al llegar arriba, con un ángulo ventral muy justo, la panza del Cayenne se arrastró penosamente por el vértice. Tranquilos que no pasa nada, dijo la piloto. A mi, la verdad, lo único que me importaba era que el airbag de mi puerta funcionara.

Bajamos un desnivel tremendo entre surcos hechos por el agua, piedras y algún tronco (traviesas de la Renfe) y, al llegar abajo, el frontal del coche volvió a tocar suelo. Me estaba doliendo ya a nivel personal aquello. ¿de verdad Porsche os paga para que hagais esto? pensé. Aceleró un poco por una especie de trialera y oí como las piedras golpeaban sin piedad los bajos y la pintura metalizada de 930 euros.

Total para llegar a un desnivel oblicuo en el que nos iban a enseñar cómo funcionaba la tracción dejando una rueda en el aire. Volví a mirar al airbag, mi aliado allí dentro. No hizo falta, porque aquel monstruo de casi 2 toneladas rebotó hacia la izquierda, dañando la llanta trasera de aquel lado. “¡Ostias!” gritó el chaval que estaba más cerca. “¿me climatizas a 19 por favor? es que tengo calor y sudo” dije a la piloto en un torpe intento de desviar la atención. No contestó. “es bi-zonal?” pregunté. Tampoco debía ser eso. Terminamos aquel infierno biodramínico y salimos despavoridos del Cayenne.

¿Por qué se empeñan en convencernos que un Cayenne es un Hummer H1?. Al margen de la habilidad de la piloto aquel día, es evidente que el hábitat natural de ese coche es la carretera. Las autopistas concretamente. Nadie se compra un Cayenne para hacer estas cosas. Porque para eso está el Defender. O mejor aún, cómprese un Panda Trekking del 90 y le envidiarán hasta las cabras montesas. Y si quiere madera, cuero, techo, clima, xenon, cambio automático y llantas de 19″, a usted no le gusta el monte, hombre.

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